La ¿PRE?-temporada. El Inicio de la Adaptabilidad
al Modelo de Juego pretendido

“[…] lo llaman pretemporada y yo no sé qué es eso, porque pre es antes de la temporada y si dicen que es preparatorio él ya está en la temporada”. Vítor Frade (“padre” de la Periodización Táctica)

Entrado ya el verano, los equipos de fútbol vuelven a su hábitat natural después de un parón prolongado, entre la última competición del curso y el inicio de los entrenamientos para la siguiente temporada. En el fútbol profesional pueden ser entre 2-5 semanas y en categorías amateur algunos días más. Lo importante es que los jugadores regresan, en la mayoría de los casos, de un período de menos actividad e incluso inactividad para afrontar unas semanas de exigente carga física y mental. Esta fase inicial es conocida por todos como pretemporada.

Si cualquiera de nosotros visualizará situaciones de este período, sería fácil imaginarnos equipos realizando tests o pruebas para medir parámetros físicos, jugadores exhaustos tras largas sesiones de carga bajo temperaturas elevadas, equipos que viajan alrededor del mundo para hacer stages de varios días, dobles o triples sesiones de entrenamiento, etc. Además, muchos hablarían de cargar las pilas o llenar el depósito para aguantar bien “físicamente” el primer tramo de la temporada, cómo si estuvieramos a los mandos de un camión hasta los topes de combustible para iniciar una travesía al fin del mundo. Y, ¿qué pasa si se nos hubiera olvidado revisar la mecánica y el motor empieza a fallar?. Pues que no llegaríamos muy lejos y tendríamos que visitar el taller más cercano.

     Como entrenadores, técnicos o preparadores físicos no podemos pretender que lo preparado en tres o cuatro semanas en julio nos sirva cuando entremos en el mes de diciembre sino que debemos ir, desde la semana inicial, poco a poco progresando y construyendo el rendimiento del equipo día tras día, semana a semana. Siendo una parte fundamental en la mejora del rendimiento de nuestros jugadores, el cuerpo técnico debe gestionar el período inicial de la temporada de una forma inteligente y casi magistral para mantener disponibles a todos los jugadores y que vayan adaptándose poco a poco al modelo de juego que tenemos en mente.

El regreso a los entrenamientos. Progresión y adaptación al esfuerzo.

     La lógica convencional nos transmite que las primeras semanas tras el regreso de vacaciones serán de una exigencia desmedida para la mayoría de los jugadores. Basta con mirar titulares en periódicos deportivos para ver cosas como: “Paliza en el Madrid tras las vacaciones. Zidane y Pintus recargan las baterías del equipo a la vuelta de la pausa navideña”. No quisiera con esto criticar ni menospreciar los métodos de profesionales mucho más preparados y con más experiencia que yo, sino poner de manifiesto la mayor importancia dada al componente condicional durante el período preparatorio más que a cualquier otro factor de rendimiento. Y esta dinámica puede ser extrapolada prácticamente al 90% de los equipos.

     Parece coherente pensar que si nuestros jugadores regresan de las vacaciones tras cinco o seis semanas de menor actividad, y casi en su totalidad inespecífica al juego, la vuelta a los entrenamientos deberá guiarse por una correcta progresión de las cargas y una relación óptima entre éstas y la recuperación. En las primeras sesiones de entrenamiento podremos utilizar la “estrategia del café con leche” y trabajar de alguna forma menos específica el componente condicional, más si cabe si llegamos a un nuevo equipo acostumbrado a otros métodos de trabajo. Pero, como bien explica Xavier Tamarit, “ya desde el inicio deberemos entrenar con la intención de buscar una adaptación del organismo a lo que será un patrón de exigencia […]”. Y esto se traduce en que, desde la primera semana sería conveniente ir modelando el trabajo semanal que utilizaremos cuando entremos en la competición.

     Es importante también saber gestionar los tiempos de descanso y respetar la recuperación  fisiológica del jugador. Esto requerirá mucho diálogo para evitar fatigas y situaciones de sobreentrenamiento, lo que nos permitirá también ajustar las cargas a nivel individual. Estudios recientes nos indican que los jugadores que se ausentan en los entrenamientos de pretemporada, bien por situaciones subyacentes a la fatiga o por lesión, tienen mayor riesgo de sufrir lesiones en el periodo competitivo. Además, podemos observar como, en estudios epidemiológicos, los meses de julio y agosto tienen una incidencia lesional mayor durante los entrenamientos, pudiéndo asociarse a la acumulación de altas cargas de entrenamiento en esta etapa.

La dimensión social y psicológica.

   Una parte importante que a menudo puede pasarse por alto es la dimensión social y psicológica. Los primeros días del grupo deben aprovecharse, también, para crear un contexto en el que los jugadores creen lazos de unión entre ellos y vaya aflorando ese sentimiento de pertenencia al grupo y de cohesión entre sus miembros. Creando una base apoyada en estos cimientos será mucho más sencillo intentar construir posteriormente un rendimiento óptimo del equipo, ya que estará condicionado, en parte, por la cooperación de los jugadores y de sus conductas dentro del marco social del equipo.

     En este sentido, el primer paso será crear una filosofía de juego si llegamos a un equipo nuevo o, adaptar la existente al contexto de la temporada que está por comenzar. Trasmitiremos nuestra visión a los jugadores y cómo trataremos de conseguirla. A partir de ahí, tenemos que conseguir llevar esa filosofía a nuestro modelo de juego y concretar los roles que tendrán los jugadores. Es importante acertar con esta asignación y encontrar a los jugadores idóneos para cumplir esos requerimientos solicitados. Tendremos en cuenta las necesidades de los futbolistas, sus expectativas y que se sientan realizados al cumplir sus funciones. Por último, es necesario que los jugadores cumplan su rol y no se desvíen de la filosofía y el modelo de juego.

Presentación del modelo de juego y tiempo para la adaptación.

    Las primeras semanas de la temporada son el momento ideal para que los jugadores conozcan el modelo de juego y nuestras intenciones. Si llegamos a un nuevo equipo habrá que trabajar para que los jugadores se familiaricen con los principios del jugar que pretendemos. Si seguimos en el mismo equipo, habrá cosas que queramos mejorar respecto a la temporada anterior y será necesario plasmarlas y recordarlas para que los jugadores de nueva incorporación conozcan nuestras ideas.

Jose Mourinho

     Al ser un período en el que no existen competiciones oficiales, se dan muchas situaciones para preparar al equipo en función del modelo de juego deseado y nos permite un tiempo de experimentación para hacer ajustes y reajustes, importantes para la relación entrenador-equipo y entrenador-jugadores. Según Mourinho, “…lo más importante en un equipo es tener un modelo de juego, un conjunto de principios que proporcionen organización al equipo. […] Las semanas preparatorias inciden, de forma sistemática, en la organización táctica, siempre con el objetivo de estructurar y elevar el desempeño colectivo”.

   Por lo tanto, y siguiendo en esta línea, desde la primera semana de entrenamiento tenemos que respetar la especificidad y mirar a nuestro modelo de juego. Como entrenadores debemos diseñar tareas que vayan de lo más sencillo a lo complejo para que los jugadores vayan adaptándose progresivamente a los esfuerzos que supondrá nuestro jugar.

Conclusión

  Podemos caer en la trampa de la lógica convencional y arrastrar a nuestro equipo, en las primeras semanas de entrenamiento de la temporada, a sesiones donde lo único importante es la mejora de la parte condicional. Diseñaremos circuitos con intervalos, sesiones aisladas de fuerza o resistencia sin ninguna aplicabilidad al fútbol, dobles sesiones de entrenamiento, largos períodos de carrera sin pisar el cesped, etc. En muchos casos, perderemos jugadores por el camino, fatigados o lesionados, que se perderán una parte muy importante de la temporada y que posiblemente les perjudique para lo que viene después.

   Por el contrario, podemos aprovechar estas 4-5 semanas iniciales para mostrarles a nuestros jugadores el modelo de juego que queremos, cúales son los principios que van a guiar su comportamiento en el campo y la relación con sus compañeros. Es un tiempo muy valioso para experimentar con nuestras ideas y que los jugadores vayan adaptándose poco a poco al esfuerzo que va a suponer nuestro jugar.

   La “¿pre?-temporada” va a ser un período en el que el cuerpo técnico tenga que trabajar de forma muy inteligente, diseñando tareas, realizando ajustes, revisando estados de fatiga… Pero sobretodo, trabajaremos para transmitir a los jugadores nuestra idea de juego preconcebida y que éstos vayan adaptándose de forma progresiva al nuevo contexto.

 REFERENCIAS

Ekstrand, Bengtsson & Hallén (2016). UEFA Elite Club Injury Study Report 2015/2016. UEFA Medical Committee.

Martín Acero, R. & Lago Peñas, C. (2005). Deportes de equipo: comprender la complejidad para elevar el rendimiento. Editorial INDE.

Marí, P. (2009). Dirección de equipos de Alto Rendimiento. Editorial MC Sports.

Noya et al. (2014). Epidemiology of injuries in First Division Spanish football. Journal of Sports Sciences;Vol.32: Issue 13:1263-1270.

Oliveira et al. (2007). Mourinho ¿Por qué tantas victorias?. Editorial MC Sports.

Tamarit, X. (2013). Periodización táctica vs Periodización táctica. Editorial  MBF.

Windt, Gabbett, Ferris & Khan (2016). Training load-injury paradox: is greater preseason participation associated with lower in-season injury risk in elite rugby league players?. British Journal of Sports Medicine;0:1-7.

Autor: Carlos Jiménez Pérez

Carlos Jiménez Pérez

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